A Relgis y Stefano.
Hoy se cumplen 10 años de la llegada de “El Salmón”.
Era el miércoles 22 de noviembre del año 2000, recuerdo que nos encontrábamos con Stefano en mi casa (que en realidad era su casa) en una mañana rutinaria, en la que veíamos televisión y perdíamos el tiempo en conversaciones vanas, pero interesantes; hasta que el panorama empezó a cambiar, pues en medio del zapping, nos encontramos con que el Dr. Valentín Paniagua, asumía la Presidencia del Perú, tras la fuga y renuncia por fax, del hoy sentenciado Alberto Fujimori, y Canal N lo transmitía en directo.
Mucho de lo que hablábamos entonces era sobre política. El cuento del Socialismo y el Comunismo nos había durado poco, y sabíamos lo que era un dictador abusivo, el juego de poder con cortinas de humo, el pan y circo y el populismo en general. Preferíamos leer a Friedrich Hayek y a nuestro maestro Mario Vargas Llosa, eran tiempos de acercarnos al Liberalismo. Pero en fin, esa era otra historia, pues, lo que en realidad hacía un tiempo veníamos madurando, era la ideología del genio argentino llamado Andrés Calamaro (AC), y ese día sería crucial, pues uno de los sustentos más poderosos de esta doctrina “pensamiento Calamaro”, estaba por asomarse a nuestras vidas.
Conocí la música de AC a mediados de los 90’s, los hits “Mi enfermedad” y “Flaca” eran los himnos de esos últimos años vacios en el colegio. Después ya descubriría todo el pasado de AC, los Abuelos, los Rodríguez, el solista en paralelo y todo eso. Pero el verdadero impacto, llegó cuando mi buen amigo Relgis, me prestó el “Alta Suciedad” allá por el año 1998. Con eso supe que AC no era otro tipo más que suena en la radio.
El año 2000 fue muy especial, pues, luego de los fracasos de estudiar Antropología en la UNSAAC, y Composición musical en el ISMLAM, y de que se disuelvan mis dos primeras bandas de rock: “Piararquia” y “(sin nombre)” andaba sin hacer absolutamente nada. Sin embargo seguía con la buena música, un día me compré “Honestidad Brutal” y me convencí para siempre de que ése era el camino, la luz que debía seguir.
Así, un par de semanas antes del mencionado 22 de noviembre del 2000, hice una compra con tarjeta de crédito al portal Zona de Obras (España), que vendía en exclusiva (y antes que las discotiendas) el nuevo disco de AC: “El Salmón”.
Pero volvamos a ese día. Habían transcurrido algunos minutos de que Paniagua juramentara como Presidente de la República, cuando tocaron la reja de la casa. Stefano miro por la ventana y me dijo: “es un cartero, ya llegó El Salmón” (con cara de que ni el mismo se la creía), a lo que respondí “imposible”, mientras salía a ver quién era. Tras aproximarme a la reja, empecé a no creerlo, efectivamente, era el cartero y traía un pequeño paquete enviado desde España. En el remitente, tenía un gran sello que decía: “Zona de Obras”. “El Salmón” había llegado.
Abrí con cuidado la pequeña caja de cartón, y apareció una de las obras más impactantes que se han hecho en la música contemporánea, una obra capital que solo era posible en los 5 discos que la conformaban, con una simplicidad artística que asustaba, pero que irradiaba a su alrededor toda la vida puesta y perdida en la grabación. Decidimos escucharla canción por canción, disco por disco, mientras revisábamos la ficha técnica y la alucinante historia que llevaba detrás. Pusimos el CD y empezó a sonar: “Output-Input”, era la primera patada en el cerebro. Uno que había creído saber quién era Calamaro, entendía que no sabía nada de él. Así fueron 2 o 3 días de escucharlo, acompañados de algunas bebidas estimulantes, luego le sacaríamos una copia en casette (varios casettes) para que Stef acompañe sus tardes y madrugadas.
En pocos días toda esa doctrina llena de canciones maravillosas, ya empezaba a calar fondo: nadar contra la corriente, el método kamikaze de composición frenética, deep camboya, etc; se habían vuelto parte de mí, y estaba feliz por esa destrucción, muy propia de esos tiempos. Un día recuperé la vida y decidí que debía volver a la música, debía hacerlo aunque sea yo solo, robarme el espíritu del Bad LT “Broken Heart” y salir a tocar, claro que necesitaba a alguien que complete “La Ray Bang Gang”, necesitaba mi Candy, mi Guille, mi Ciro, mi Niño, mi Gringui, mi complemento imprescindible, y por supuesto que los encontré, y tenían nombre propio: Relgis.
Y así continuarían los tiempos heroicos, acompañado de mis inseparables amigos y por supuesto de la música de AC. Vendrían, el “Radio Salmón Vaticano”, las Inéditas como “Bachicha” y “Sabina”, “El Cantante”, “Tinta Roja”, “El Regreso”, “El Palacio de las Flores”, “La Lengua Popular” (que sería otra patada en el cerebro) y el “On the Rocks”, quienes me acompañarían en la rutina intensa del amor, y en muchos casos abogarían por mí, como lo hizo “Honestidad Brutal” más de una vez.
Han pasado 10 años, y es una alegría inmensa recordar cómo pasó el tiempo. Todas las chicas se fueron, pero yo sigo aquí y por lo visto también “El Salmón”. Hace 9 días, el 13 de noviembre, viajé a mi amada Arequipa para asistir al concierto de Andrés Calamaro, y fue algo espectacular, en verdad fue gratificante volver a escucharlo y saber que los tiempos heroicos habían vuelto, al menos por unas horas. (Gracias Ana, Juanca, Eliana y todos Los Salmones – Cusco.)
Aquella noche una de las canciones que más disfrute fue el himno, “All You Need is Pop”, que es parte de “El Salmón”, y mientras lo gritaba, recordé estos episodios de aquel año 2000, que según veo, ya pasaron a la eternidad.